¡Gracias El Salvador!

No se equivocó Alí Primera. El pueblo salvadoreño tiene el cielo por sombrero, un sombrero de amor, de futuro, en un país que sobrecoge y enamora aún desde el aire, mientras el avión se acerca.

Aquí llegue hace un mes y pronto partiré con el corazón rebosante de emociones. Lloro en una mezcla estremecida de alegría por volver a la Patria, (¡ay mi Cuba bella!), y de honda tristeza por todos los hermanos que en unas horas no podré llevarme físicamente.

Me compongo y aquí aguanto, porque al final la Patria Grande se confirma como un sueño realizable, en un futuro cercano, palpable. Y me compongo porque me llevo a todas y todos en mi corazón para siempre…

Me habían advertido que iba a encontrar un pueblo hermano. Gracias a todos esos que nunca se equivocaron. Y es que en el “Pulgarcito de América”, como me dijeron desde Twitter para referirse a El Salvador, el amor desborda ríos y brota constantemente desde los volcanes dormidos.

La bondad eterna que emana desde tantos corazones no puede ser casualidad. Es parte de esta cultura, y es uno de sus mayores tesoros. A mí, que cada minuto lejos de Cuba se me convierte en una eternidad (y eso lo saben muchos), esta vez lograron los hermanos salvadoreños equilibrarme el alma.

Impresionante es además la voluntad de seguir adelante en este pueblo, de cómo todos enfrentan la vida pensando en un mejor país, en un mejor mañana. A pesar de los pesares, la utopía aquí está viva, y quienes creemos en las utopías encontramos suelo fértil.

Como hijo de Martí, de la patria de Fidel, a mis hermanos, seguidores del legado de Farabundo, de Schafik, y de todos los que dieron su vida por esta tierra, les agradezco el honor infinito de las horas compartidas, y les regalo mi corazón.

Les dejo un pedazo de mi anatomía en San Marcos (humildemente, capital del Mundo), desde La Palma hasta San Miguel, entre chaparros y pupusas, entre sonrisas y sueños.

No cejen hermanos, la vida puede ser complicada, pero podemos transformar la utopía en realidad. Ustedes lo saben de sobra. Un abrazo con sabor Caribe para ti, herman@ salvadoreñ@. Que viva tu sombrero azul.

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