Terremoto
Por mucho que uno lea y vea videos, nada se compara a vivir realmente un evento sísmico. Y no me siento orgulloso de esta experiencia. Aún escribo estas líneas con las manos sudorosas por lo sucedido, acaso porque cuando todo a mi alrededor se movió y el agudo sonido de los objetos crujiendo me advirtieron del sismo, añadí un punto más de valor agregado a mi vida.
El sismo que afectó a Guatemala y se sintió desde México por toda Centroamérica, me recordó lo frágil que es nuestro mayor tesoro: la vida. Y me hizo pensar en cómo a veces la malgastamos en cosas inútiles.
Bastaron 45 segundos de movimiento para que el corazón se me acelerara desaforadamente, aunque por algún motivo mi cuerpo reaccionó de otra forma. En medio de mi “terremoto interior” me levanté de la silla y salí caminando hacia el exterior del edificio donde me encontraba. Pocos segundos después cesó el movimiento.
Según me explicaron desde el primer día en que llegué a este país, en El Salvador se producen dos tipos de eventos sísmicos: los telúricos y los volcánicos, por eso es que le llaman “El Valle de las Hamacas”.
Así que parece que tendré que irme acostumbrando a que de vez en cuando todo se mueva. Por si acaso, desde hoy, siempre me iré a la cama bien vestido, y todo bien posicionado por si acaso tengo que salir de donde me encuentre.



Haga un Comentario